expo Corsarios 25 años de Teatro

 


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desde mayo de 2007 hasta enero de 2008
en diferentes puntos de Castilla y León (ver itinerancia =>)

LA MEMORIA

La memoria, ahora detenida, de los veinticinco años de andadura de Teatro Corsario, continúa repitiéndose en el título de su primer montaje: “SIN ABUSO DE DESESPERACIÓN”, tres piezas cortas de Tennessee Williams (1982), porque mantener una compañía-empresa durante tanto tiempo en Castilla y León no deja de ser un enganche con el próximo estreno “ LOS LOCOS DE VALENCIA ”, de Lope de Vega, o de Valladolid, en este caso. Sujetar esos rostros juveniles al paso del tiempo, verlos madurar, o estremecerse, incluso morir, les hace idénticos al espectador que los contempla. Alguien dijo una vez que el primer espectador de un personaje debe ser el actor que le da vida.
El recorrido de Teatro Corsario “A LA CAZA DEL SNARK”, espectáculo sobre textos de Lewis Carroll estrenado en 1983 no ha concluido todavía. Quizás porque el arte dramático tenga algo de imposible, quizás porque, al ser intangible, el miedo y la duda sean necesarios para crear. En cualquier caso ya con “INSULTOS AL PÚBLICO”, de Peter Handke (1986), comprobamos que el público bullía, por lo que no dejamos de necesitar la complicidad del otro, su aquiescencia para continuar.

Aprender. Volver al principio. Repetir. Copiar.
Copiar. Repetir. Volver al principio. Aprender.
Esos aprendices que recogen sus papeles del autor en el “GRAN TEATRO DEL MUNDO”, de Calderón de la Barca (1990) son después los Segismundos y Edipos que se vuelven contra el padre o perecen como el padre.
Esos muertos que recuerda el doctor Cuende en “CELAMA”, de Luis Mateo Díez (2003) repiten a su manera la rueda de “COPLAS POR LA MUERTE” (1997).
Visto el vestuario que cuelga en la exposición, homenaje a diseñadores, sastras, pintores, maestros del hilo y la pasamanería, se sorprenderán del desgaste o de los posos de tiempo engastado en las telas. Esos trajes, herencia de la calle que pisan los vivos, fueron también vestidos de actores distintos, de personajes difuntos. Herencia como memoria, como vuelta a la vida. Reivindicar la tragedia, que no se lleva en estos tiempos tan pueriles y digitales, puede resultar terapéutico. Así en AMAR DESPUÉS DE LA MUERTE, de Calderón (1993), TITUS ANDRONICUS, de Shakespeare (2001) o EDIPO REY, de Sófocles (1999), encontramos ese gen del destino todavía no aislado ni manipulado.
Regresando del terror, y conservando la angustia necesaria para reír, disfruten de los muñecos, véanlos como alguien “fieramente humano”, otórguenles LA VOZ HUMANA , de Jean Cocteau (1984), escuchen sus AULLIDOS (2007), conviértanse en VAMPYRIA (1998) y serán seducidos sin duda por LA MALDICIÓN DE POE (1995), tres espectáculos de Jesús Peña. En el escenario el silencio es lo que mejor se escucha.
En 1987 decidimos entrar con SOBRE RUEDAS, tras los pasos de Lope de Rueda, en los textos del Siglo de Oro español y nos dimos cuenta de que aquellos autores no exhalaban aburrimiento: con CLÁSICOS LOCOS, entremeses de varios autores (1994), descubrimos que bajo el polvo había risa, atrevimiento y absurdo; con EL MAYOR HECHIZO, AMOR, de Calderón (2000), la mitología salía del armario-biblioteca; con DON GIL DE LAS CALZAS VERDES, de Tirso de Molina (2002) servimos una comedia de mujeres en la que hasta los intérpretes son espectadores del engaño.
Conviene regresar al principio. Detrás de cada mirada, de cada objeto, de cada escenografía, de cada imagen, de cada foto, de cada factura, de cada sonido, hay alguien que no vemos. Ellos tienen su rostro y su nombre, forman parte del todo, llegan antes y se marchan después. Son las cuadernas del barco, las armas, el motor... A ellos, tramoyistas, iluminadores, productores, administrativas, regidores, técnicos, montadores... también les pertenece esta nave.
Vamos deprisa, como en COMEDIAS RÁPIDAS, sobre textos de Enrique Jardiel Poncela (1984).
Si con DICIÉNDOLO DE NUEVO, espectáculo poético musical (1992), la música tomaba en directo carta de presentación en los montajes de Teatro Corsario, no ha dejado desde entonces de compartir protagonismo en el ensamblaje general de cada uno de los proyectos. Recordar PARA TERMINAR CON EL JUICIO DE DIOS, de Antonin Artaud (1985), en la cárcel vieja, genera una sacudida, y saber desde entonces que un músico tiene en su cabeza el tempo, los ambientes, los instrumentos y las canciones produce una gran tranquilidad. LA BARRACA DE COLÓN, de Fernando Urdiales (2005), no deja de ser un musical.
Aquí contemplan nuestras horas ya pasadas, asisten Vds. a una representación, la gubia ha ido tallando nuestro cuerpo como en PASIÓN, a partir de textos de los Evangelistas, Diego de San Pedro y Fray Luis de Granada (1988). No somos diferentes a ustedes, ¿verdad? Esperen, vamos al ASALTO A UNA CIUDAD, de Lope de Vega, en versión de Alfonso Sastre (1991), acomódense, dennos una oportunidad, al fin y al cabo LA VIDA ES SUEÑO, de Calderón (1996), vamos a empezar de nuevo la representación, hemos invitado a todos los que estuvieron con nosotros. Comenzamos. Oscuro, música... Hoy es la función más importante porque es la última...
Sin abuso de desesperación desde 1982.

   Teatro Corsario.
En la memoria Pepe Urbistondo, Jesús Lázaro y Paco González.
 

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