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  JAVIER RIBA.-crónica

Javier Riba, guitarra


Teatro Cómico Principal, Córdoba  
5 de julio de 2009. 21:30h  
Aforo: lleno   

Qe no es qe no me guste Albéniz, es qe los pianistas son mú cansinos con él... Dentro de este Festival de la Guitarra de Córdoba 2009, el guitarrista cordobés Javier Riba ofrecía el último recital de guitarra clásica de los encuadrados en el ciclo titulado "Rodrigo, Tárrega, Albéniz: in memoriam", una serie de conciertos conmemorando el aniversario (la década en el caso del primero y la centuria en los otros dos) de las muertes de estas tres personalidades de la historia de la guit... de la música.
Mientras algunos guitarristas célebres provocan un furor "quasi" uterino alrededor de su aura sin haber hecho ni el huevo en su vida, Javier Riba empieza a atraer sobre sí la atención qe merece, algo tarde y además a cuenta de un sobreesfuerzo: lleva años persiguiendo la idea de traer a Albéniz a la guitarra sola y, por fin, desde el año pasado, podemos apreciar algunos de los frutos de ese trabajo de transcripción en su CD "Albéniz: La guitarra soñada" (Ed. "Tritó"). Una de las grandes bombas musicales de este año en el qe se cumple el centenario del compositor gerundense. Alguno preguntará: ¿por qé transcribir? Y yo, a la gallega, no tengo preparada la respuesta, sino la pregunta: ¿por qé no? ¿Por qé qedarnos en siete vihuelistas españoles, Dowland y Bach? A mí me interesa muchísimo más la música qe transcriben los guitarristas qe la qe componen. Dónde va a parar.

Riba presentaba un concierto bastante más denso qe el minúsculo aperitivo qe nos había ofrecido hacía dos años en la Sala de exposiciones de Cajasur. Ante un Teatro Cómico abarrotado, empezó el recital con "Bolero" y "Andante" de Arcas, dos piezas qe demostró conocer al dedillo. Seguidamente, atacó otras dos obras de Antonio Jiménez Manjón: "Cuento de amor" y "Aire vasco" (o zorcico, para entendernos). Había elegido estas cuatro obras del repertorio, según explicó al terminar de tocarlas, como muestras de la música para guitarra en tiempos de Albéniz, para encuadrar el recital y, en cierto modo, explicar el trabajo qe había hecho con parte de su obra pianística (o pianística obra: en el caso del catalán, tanto monta, monta tanto). Fue bastante gracioso, porqe las describió como algo ligero, casi pachanguero, y así fue: pasaron al contenedor de basura orgánica en el momento en qe pulsó la primera nota de "Granada", de la Suite Española, en la transcripción qe en su día hiciera Tárrega. Posteriormente, las transcripciones de Llobet de "Córdoba", con su solemnísima introducción y "Cádiz", incrementaron la potencia del concierto qe, a través de las cuidadosas manos de Riba, se iba haciendo cada vez más grande.

Albéniz es "Iberia". Vendrían tras el descanso varios números de esta suite, una de sus últimas obras y sin duda la más grande, un monumento musical en toda regla. En parte también, algo mastodóntico, incluso para el piano, lo qe, ante la idea de escucharlo a la guitarra sola, puede despertar suspicacias: por un lado, el piano tiene una potencia sonora imposible en la guitarra y su superioridad polifónica con respecto a ella está fuera de toda duda. Por otro, su variedad tímbrica es extremadamente pobre con respecto a la de la guitarra: ese punto fuerte es el qe Javier Riba domina de su instrumento (el de madera) y ha conseguido explotar. No ha sido su intención hacer un calco guitarrístico de la polifonía albeniciana, sino reinventar estas obras como si Albéniz hubiera sido guitarrista. La coherencia de este pensamiento lo llevó a usar en la interpretación una guitarra con sonoridad de la época de Albéniz, una John Ray copia de Torres: hubiera qedado en ridículo espantoso qerer igualar la potencia sonora del piano con una guitarra moderna. El resultado es una "Iberia" más íntima y más desnuda, polifónicamente hablando. En este sentido es irremediablemente infiel al original, por una sencilla cuestión física. El verdadero honor qe Riba ha hecho al bisabuelo de Ruiz-Gallardón con este titánico trabajo es, con toda seguridad, el haber revelado todo ese colorido tímbrico propio del impresionismo y, por ende, de "Iberia", qe el piano sólo es capaz de aventurar.

Y diré más: aun desnuda polifónicamente, las complicaciones técnicas extremas del piano original se mantienen proporcionalmente en la guitarra, pero fueron superadas con bastante solvencia por el cordobés. Más aún, como el recital crecía implacable en su complejidad, el locurón total llegó consecuentemente con la última pieza del programa: "El Albaicín". Una transcripción de Carles Trepat qe el mismísimo Javier Riba sufrió en sus carnes con dolor.

"In hac lacrimarum valle", pero con dignidad. El público pidió bises y Javier Riba repitió "Evocación". El maestro seguirá deleitándonos, a buen seguro, con perlas como las qe ofreció en este fantástico concierto y esperamos qe siga teniendo las oportunidades qe merece para qe continúe haciéndonos llegar su trabajo. Ahora, qe una transcripción total de "Iberia" no sería mal plan de futuro.
Y como plan de pensiones, tampoco es manco.

-Trabas. Julio'09